Mensaje de Mons. Francisco Javier Pistilli Scorzara, P. Sch.
Queridas familias, hermanas y hermanos:
Hoy inauguramos la Bienal Católica 2026 en cuatro rincones de nuestra diócesis, al mismo tiempo, con una sola voz. No es un acontecimiento más en el calendario. Es un gesto: la Iglesia de Itapúa sale, se dispersa, va al encuentro.
Como Felipe, que no volvió a Jerusalén cuando la persecución lo empujó fuera, sino que bajó a Samaria —territorio inesperado— y allí hubo alegría grande. Junto con la Universidad Católica Nuestra Señora de la Asunción, Campus Itapúa, y las Unidades Pedagógicas de María Auxiliadora, Hohenau y San Pedro del Paraná, nos disponemos a celebrar la fe, a dialogar con el tiempo y la cultura, a fortalecer la vida y la comunión eclesial, a poner el hombro a la esperanza.
Somos una gran asamblea eucarística que se convoca para caminar el momento oportuno de Dios. Llegue a todos mi saludo, en especial a los que hoy están reunidos en la Iglesia Catedral, en el templo de María Auxiliadora, en el templo del Espíritu Santo de Hohenau y en el templo de la Santa Cruz de Coronel Bogado.
Las crisis de hoy y cómo enfrentarlas
Vivimos tiempos de crisis. No hay que disimularlo. Hay miedo en el aire, miedo en los medios y en las redes, violencia que se instala como lenguaje cotidiano. La crisis tiene rostros concretos: economías frágiles, instituciones sacudidas, familias que absorben golpes que vienen de todas partes, y una tecnología que transforma los vínculos antes de que podamos entender lo que está haciendo.
Cuando el mundo tiembla, suelen aparecer tres salidas: destruirlo todo y empezar desde cero; encerrarse en un grupo que se cree el arca que sobrevivirá; o discernir el camino con firmeza de principios y corazón abierto. La primera lleva al caos. La segunda, al miedo disfrazado de fe. La tercera es el camino del Evangelio.
Las crisis no son novedad ni sorpresa. Los cambios nos afectan, pero sostenidos en la fe y en la comunión de Cristo, tenemos lo necesario para hacer frente y trazar un camino esperanzador.
Una mesa de comunión
Jesús nos dice hoy: Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no tendrá hambre. No lo dice a un auditorio selecto. Lo dice a una multitud hambrienta, dispersa, insegura. Lo que comemos normalmente nos recuerda que somos mortales: tomamos vida para vivir, pero también nosotros moriremos. Cuando nos alimentamos de Jesús, pan vivo y verdadero, algo cambia en el fondo:
Descubrimos que hemos sido hechos para nutrirnos de Dios. Como escribió san Agustín, Cristo es el pan que nutre y nunca falta, que se puede comer pero que nunca se agota. La Eucaristía que celebramos hoy no es el comienzo de un programa. Es el fundamento de todo lo que viene.
La BIECAT 2026 es una mesa familiar. Venimos a comer, a comulgar, a comunicar, a compartir, a colaborar, a construir. Estamos todos: niños y ancianos, jóvenes y trabajadores, estudiantes y familias de toda condición.
Nadie sobra. Nadie es solo espectador. La Bienal nos necesita a todos, y todos nos necesitamos. No es un evento de la diócesis sobre la familia: es la familia misma —hambrienta, digital, frágil, amada— que se sienta a comer el pan que no se agota.
La familia y la Iglesia en los desafíos de este tiempo
Durante la Bienal queremos ver y tocar con nuestras manos algunas situaciones reales de este tiempo: la era digital y el poder transformador de la inteligencia artificial, la fragilidad de las instituciones y de la economía y cómo nos afectan, la preocupación por las generaciones presentes y futuras en el cuidado de la casa común, la atención necesaria a la salud de forma integral y los cuidados preventivos que todos podemos apoyar. Como Iglesia y como Universidad, somos por un lado un termómetro que registra los cambios; pero queremos dar, desde la unión de la fe y la ciencia, la pastoral y la academia, una respuesta posible: un itinerario exigente pero concreto, que una a muchos en una manera de trabajar que inspire y conduzca hacia la luz en situaciones oscuras.
El camino que recorremos juntos es el camino de la paz y del bien común. Una paz desarmada y desarmante: quien llega sin armas desactiva la lógica del enfrentamiento, no por debilidad, sino por una fuerza distinta —así lo recuerda el Papa León XIV con su propio testimonio.
Junto con toda la Iglesia en Paraguay, caminamos la senda del bien común. La Conferencia Episcopal Paraguaya, en su carta pastoral Denles ustedes de comer, nos recuerda el compromiso de todos en generar las condiciones y oportunidades para el desarrollo pleno de la persona y de la sociedad, para hacer frente al flagelo de la corrupción desde el testimonio coherente y la construcción solidaria.
No caminamos solos
Hace ochocientos años, Francisco de Asís escuchó una voz en San Damián: Ve y reconstruye mi casa, que se está cayendo. No destruyó. No huyó. Tomó piedras, una por una, y reconstruyó. Con sus manos. En el lugar donde estaba.
Desarmado. Ese es también nuestro gesto hoy: en el año jubilar franciscano, con
la presencia de San Francisco de Asís expresada en la reliquia —ex cineribus corporis— recorriendo nuestras parroquias, la diócesis sale a construir, piedra a piedra, familia a familia.
El proyecto pastoral “La Sandalia de Francisco – Siguiendo sus huellas” nos invita a revitalizar la memoria de nuestra evangelización y a poner nuestros pasos en el espíritu de tantos misioneros que sembraron la Buena Noticia en Paraguay.
Que esta semana sea el lugar oportuno de su acción.
No estamos aislados. Lo que vivimos en Itapúa es espejo de lo que vive el país, y el país es espejo del mundo. Pero también la alegría que nace aquí puede irradiar más lejos de lo que imaginamos. El Espíritu sopla donde quiere.
Nosotros abrimos la puerta. Abrimos la puerta a Cristo, Camino, Verdad y Vida. Abrimos la puerta al kairós que ocurre donde la gracia divina toca y transforma corazones fríos y tibios, para hacerlos apóstoles. Abrimos la puerta de la Iglesia al mundo, para confirmar que estamos para construir juntos, el bien común, en
paz.
Encarnación, 22 de abril de 2026
+ Francisco Javier Pistilli Scorzara, P. Sch.
Obispo de la Santísima Encarnación
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