2026-04-23

CATEQUESIS DIA 2: EL HOMBRO DEL BIEN COMÚN. Generar juntos lo que necesitamos

CATEQUESIS DEL DÍA 2 DE MONS. FRANCISCO JAVIER PISTILLI SCORZARA

EL HOMBRO DEL BIEN COMÚN. Generar juntos lo que necesitamos
“Hazme un instrumento de tu paz.” (San Francisco de Asís)

1. TEXTO BÍBLICO Y EXÉGESIS 
Texto completo (Hechos 2:44-47): “Todos los creyentes estaban juntos y tenían todo en común; vendían sus posesiones y sus bienes, y repartían el precio entre todos, según la necesidad de cada uno. Acudían al Templo todos los días con perseverancia y con un mismo espíritu, partían el pan por las casas y tomaban el alimento con alegría y sencillez de corazón. Alababan a Dios y gozaban de la simpatía de todo el pueblo. El Señor agregaba cada día a la comunidad a los que se iban salvando.”

Contexto 
Este pasaje describe la primera comunidad cristiana en Jerusalén, inmediatamente después de Pentecostés. El Espíritu Santo había descendido sobre los apóstoles, y miles de personas se habían convertido. ¿Y qué hicieron? No esperaron que alguien les organizara la vida. Generaron juntos una nueva forma de vivir. No era solo “repartir” lo que había. Era crear comunidad. Poner todo en común. Que nadie quedara con necesidad.

Exégesis 
La expresión clave es: “tenían todo en común”. No significa que abolieron la propiedad privada. Significa que nadie consideraba suyo exclusivamente lo que tenía. Si alguien necesitaba, se compartía.
Y el resultado es sorprendente: “gozaban de la simpatía de todo el pueblo”. La gente de Jerusalén —que no eran cristianos— los miraba con admiración. Porque veían algo que funcionaba. Una comunidad donde nadie quedaba abandonado. 

El bien común no era una idea abstracta. Era una práctica concreta.

Palabra clave: KOINONÍA 
Koinonía significa comunión, participación, comunidad. No es solo “estar juntos”. Es compartir la vida. Generar juntos lo que necesitamos para vivir dignamente.

2. EJEMPLO PASTORAL
 Cuando hablamos del “bien común”, muchas veces pensamos que es responsabilidad del gobierno, de las instituciones, de “los otros”. Y nos quedamos esperando. Pero en nuestra diócesis he visto dos ejemplos concretos de cómo el bien común se genera cuando la gente decide poner el hombro juntos:
Primer ejemplo: Una parroquia que funciona. Hay parroquias donde todo funciona. ¿Por qué? Porque todos colaboran. No hay una sola persona que hace todo. Uno se encarga de la limpieza, otro de la catequesis, otro de visitar a los enfermos, otro de coordinar las actividades. Todos ponen el hombro. Y la parroquia está viva. Eso es bien común. No esperan que el párroco haga todo. Generan juntos la vida de esa comunidad.
Segundo ejemplo: Asociación de productores agroecológicos. En nuestra diócesis, hay familias que se organizaron para producir alimentos sanos. No esperaron que alguien les diera. Se juntaron. Se capacitaron. Empezaron a producir. Y hoy están levantando a muchas familias. Porque generaron juntos trabajo, alimento, dignidad.
El bien común no es esperar que otros repartan. Es juntarnos y generar lo que necesitamos. Juntos.

3. ILUMINACIÓN TEOLÓGICA DESDE EL MAGISTERIO
a) La Doctrina Social de la Iglesia: El bien común como condiciones de vida digna El Concilio Vaticano II define el bien común en Gaudium et Spes: “El bien común abarca el conjunto de aquellas condiciones de vida social con las cuales los hombres, las familias y las asociaciones pueden lograr con mayor plenitud y facilidad su propia perfección.” (Gaudium et Spes, n. 74)
No es que la mayoría esté bien y algunos queden afuera. Es que nadie quede afuera. Que todos tengan lo necesario para vivir dignamente: trabajo, comida, salud, educación, paz. Y esas condiciones no caen del cielo. Las construimos juntos.

b) La Iglesia y el servicio al bien común 
La Conferencia Episcopal Paraguaya, en su carta pastoral “Denles ustedes de comer” (2025), nos desafía: “El bien común no es una abstracción, sino la búsqueda concreta de que todos tengan lo necesario para vivir dignamente. Y eso se construye desde abajo, desde las comunidades, desde las familias.”

El Papa Francisco, en Evangelii Gaudium, añade: “El bien común y la paz social. El todo es superior a la parte. […] Aquí entra en juego la tensión bipolar entre la globalización y la localización. […] El modelo no es la esfera, sino el poliedro, que refleja la confluencia de todas las parcialidades que en él mantienen su originalidad.” (Evangelii Gaudium, n. 236)
El bien común no es uniformidad. Es que cada comunidad, cada familia, cada persona, aporte desde su originalidad. Y juntos construimos.

c) San Francisco: Constructor de paz en Asís 
San Francisco no solo predicó el amor. Reconcilió a los que estaban peleados. Hay una historia hermosa en las Florecillas de San Francisco: En Asís, el obispo y el alcalde estaban enfrentados. La ciudad estaba dividida. Había guerra entre ellos.
Francisco no se puso de un lado o del otro. Fue a los dos. Los escuchó. Y los invitó a hacer las paces. Porque Francisco sabía algo fundamental: El bien común se construye en la paz. Mientras estemos peleados, mientras estemos divididos, no podemos construir nada juntos. Y cuando hizo las paces entre ellos, la ciudad empezó a funcionar. Porque pudieron trabajar juntos.

4. CONCLUSIÓN PASTORAL ¿Qué nos dice esto hoy?
Primero, que el bien común no es responsabilidad solo del gobierno o de las instituciones. Es responsabilidad de todos. Cada uno desde donde está.
Segundo, que el bien común se construye en la paz. Si estamos peleados —en la familia, en la capilla, en el barrio— no podemos generar nada juntos. Hay que reconciliarse primero.
Tercero, que el bien común no es repartir lo que hay, sino generar juntos lo que necesitamos.

¿Qué hacer concretamente?
• En tu familia: Si hay tensiones, si hay peleas, el primer paso es hacer las paces. Hablá. Escuchá. Perdoná. Y después, pónganse de acuerdo: ¿Cómo vamos a ayudarnos?
• En tu capilla: Si todo recae sobre una o dos personas, acercáte. Ofrecé ayuda. No esperes que te pidan. Decí: “¿En qué puedo colaborar?”
• En tu barrio: Buscá con quién podés construir. No esperes que otros resuelvan. Juntáte con otros y generá soluciones.
Identificá UN lugar donde falta paz. Puede ser en tu familia, en tu capilla, en tu barrio. Donde haya pelea, donde haya división, donde haya rencor. Y preguntáte: ¿Puedo ser instrumento de paz ahí?

Oración Señor: 
Hazme un instrumento de tu paz. 
Que donde haya odio, lleve yo amor. 
Donde haya ofensa, lleve yo perdón. 
Donde haya discordia, lleve yo unión. 
Que donde haya hambre, generemos juntos el pan. 
Que donde haya división, construyamos juntos el bien común. Amén.

Francisco Javier Pistilli Scorzara, P. Sch. Obispo de la Diócesis de la Santísima Encarnación

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