
DÍA 3
HOMBRO CON HOMBRO
La mirada que reconoce y transforma
“Al verla, el Señor se compadeció de ella y le dijo: No llores.”
(Lucas 7:13)
1. TEXTO BÍBLICO Y EXÉGESIS
Texto completo (Lucas 7:11-15):
“Después de esto, Jesús fue a una ciudad llamada Naín, acompañado de sus discípulos y de una gran multitud. Cuando se acercaba a la entrada de la ciudad, sacaban a enterrar a un muerto, hijo único de una madre que era viuda, a la que acompañaba mucha gente de la ciudad. Al verla, el Señor se compadeció de ella y le dijo: ‘No llores.’ Después se acercó y tocó el féretro. Los que lo llevaban se detuvieron y Jesús dijo: ‘Joven, a ti te digo: ¡Levántate!’ El muerto se incorporó y comenzó a hablar, y Jesús se lo entregó a su madre.”
Contexto
Jesús va camino a Naín, un pueblo pequeño de Galilea. Al llegar a la entrada, se encuentra con un cortejo fúnebre. Una viuda va a enterrar a su único hijo. En aquella cultura, esto significaba más que dolor: significaba desamparo total. Sin esposo, sin hijos, esa mujer quedaba completamente sola, sin protección, sin sostén económico.
Y Jesús la ve.
La frase clave es: “Al verla, el Señor se compadeció de ella”
El significado de esta palabra griega lo describe como una compasión que se siente en las entrañas. No es lástima desde arriba. Es un dolor compartido, visceral.
Jesús la miró. No siguió de largo. No pasó de lado. La vio. Vio su dolor. Vio su soledad. Vio que esa mujer había perdido todo.
Y esa mirada lo movió a actuar.
La mirada de Jesús no juzga. No ignora. Reconoce. Ve al otro en su humanidad.
Palabra clave: MIRADA
La mirada es el primer paso del Cireneo. Antes de cargar, hay que ver. Antes de ayudar, hay que reconocer al otro.
Hay tres miradas posibles: 1. La mirada de la indiferencia: “No es mi problema.” 2. La mirada del interés: “¿Qué puedo sacar de esto?” 3. La mirada del Cireneo: Reconoce, acompaña, está.
2. EJEMPLO PASTORAL
En nuestra diócesis, en el barrio Sagrada Familia de Encarnación, hay un dispensario que atienden las Hermanas Canosianas.
Estas hermanas no solo dan atención médica. Escuchan. Conocen a las personas. Generan confianza.
Cuando alguien llega, no lo miran como un número. Lo miran a los ojos. Saben su nombre. Saben su historia. Están.
Esa es la mirada del Cireneo. Esa es la mirada de Cristo.
Y esa mirada genera algo: Construye comunidad. Porque cuando te sentís visto, cuando te sentís reconocido, no estás solo. Y cuando no estás solo, podés salir adelante.
Otros ejemplos de la mirada cirenea en nuestra realidad:
• En la escuela: Ayudarse a aprender en lugar de competir. Mirarse como hermanos, no como rivales.
• En el barrio: Cuando una familia perdió su casa en un incendio, la comunidad no dijo “no es mi problema”. La miró. Organizó rifas, polladas. Y entre todos, le ayudaron a reconstruir.
• En la familia: Alguien está sufriendo y nadie lo mira. Porque da vergüenza, porque no sabemos qué decir, porque es incómodo. Pero miralo. Acercáte. A veces con eso alcanza.
3. ILUMINACIÓN TEOLÓGICA DESDE EL MAGISTERIO
a) Cristo y la mirada que restaura la dignidad
El Catecismo de la Iglesia Católica nos recuerda que Cristo vino a restaurar la dignidad del ser humano:
“Por su encarnación, el Hijo de Dios se ha unido en cierto modo con todo hombre. Trabajó con manos de hombre, pensó con inteligencia de hombre, obró con voluntad de hombre, amó con corazón de hombre. Nacido de la Virgen María se hizo verdaderamente uno de nosotros, en todo semejante a nosotros, excepto en el pecado.” (CIC 470, citando Gaudium et Spes 22)
Cristo nos mira como hermanos. No desde arriba, sino hombro con hombro.
b) La Iglesia y la opción preferencial por los pobres
El Papa Francisco, en Evangelii Gaudium, nos desafía:
“Cada cristiano y cada comunidad están llamados a ser instrumentos de Dios para la liberación y promoción de los pobres, de manera que puedan integrarse plenamente en la sociedad; esto supone que seamos dóciles y atentos para escuchar el clamor del pobre y socorrerlo.” (Evangelii Gaudium, n. 187)
Escuchar. Mirar. Estar atentos. Eso es la mirada del Cireneo.
c) San Francisco: Aprendió a ver a Cristo en el leproso
San Francisco de Asís tuvo un encuentro que transformó su vida. En su Testamento, lo cuenta:
“El Señor me condujo entre los leprosos, y practiqué la misericordia con ellos. Y al apartarme de los mismos, aquello que me parecía amargo se me convirtió en dulzura del alma y del cuerpo.”
Al principio, Francisco tenía miedo. Asco, incluso. Pero se detuvo. Lo miró. Y en ese leproso, Francisco vio a Cristo.
No vio un enfermo. No vio alguien despreciable. Vio a su hermano. Vio a Cristo mismo.
Y esa mirada lo transformó. A Francisco también.
En el Cántico de las Criaturas, Francisco llama a todos hermanos: Hermano sol, hermana luna, hermano fuego, hermana agua. Porque aprendió a mirar la creación entera con esa mirada: Somos todos hermanos.
4. CONCLUSIÓN PASTORAL
¿Qué nos dice esto hoy?
Primero, que la mirada viene antes que la acción. Primero ves al otro. Después podés ayudarlo de verdad.
Segundo, que la mirada que reconoce construye comunidad. La mirada que ignora destruye.
Tercero, que cuando miramos como Cristo mira, nosotros también nos transformamos. Como Francisco.
¿Qué hacer concretamente?
Hoy tu tarea es simple, pero profunda:
Mirá a los ojos a TRES personas de tu comunidad.
Puede ser en tu familia, en tu capilla, en tu barrio. No hace falta que hables mucho.
Solo preguntales: “¿Cómo estás? ¿Qué necesitás?”
Y escuchá. De verdad. Sin juzgar. Sin apurar.
Mirá hombro con hombro, no desde arriba. Como miraban las hermanas en el dispensario. Como miró Jesús a la viuda. Como miró Francisco al leproso.
Oración
Señor Jesús:
Enséñanos a mirar como vos mirás.
A ver al otro con dignidad.
A reconocer en cada persona
a nuestro hermano, a nuestra hermana.
Que nuestra mirada no sea indiferente,
ni interesada,
sino compasiva.
Que miremos hombro con hombro,
y en cada rostro
veamos tu rostro.
Amén.
+ Francisco Javier Pistilli Scorzara, P. Sch.
Obispo de la Diócesis de la Santísima Encarnación
Encarnación, abril de 2026