
DÍA 5
EL HOMBRO DEL REINO
Construir islas del Reino aquí y ahora
“Ustedes son la sal de la tierra. Ustedes son la luz del mundo.”
(Mateo 5:13-14)
1. TEXTO BÍBLICO Y EXÉGESIS
Texto completo (Mateo 5:13-16):
“Ustedes son la sal de la tierra. Pero si la sal pierde su sabor, ¿con qué se la volverá a salar? Ya no sirve para nada, sino para ser tirada y pisada por los hombres. Ustedes son la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad situada en la cima de una montaña. Y no se enciende una lámpara para meterla debajo de un cajón, sino que se la pone sobre el candelero para que ilumine a todos los que están en la casa. Así debe brillar ante los ojos de los hombres la luz que hay en ustedes, a fin de que ellos vean sus buenas obras y glorifiquen al Padre que está en el cielo.”
Contexto
Jesús está pronunciando el Sermón de la Montaña. Acaba de proclamar las Bienaventuranzas. Y ahora les dice a sus discípulos —y a nosotros— quiénes somos: Sal y luz.
No dice: “Deberían ser sal y luz.” Dice: “Ustedes SON.” Es una identidad, no una tarea opcional.
Exégesis
Sal de la tierra:
La sal conserva, da sabor, purifica. En el mundo antiguo, la sal era esencial para la vida. Sin ella, la comida se pudría. Los discípulos están llamados a ser presencia que conserva lo bueno, que da sentido, que purifica.
Luz del mundo:
La luz no se esconde. Una ciudad en lo alto del monte se ve desde lejos. Una lámpara ilumina toda la casa. Los discípulos están llamados a hacer visible el Reino de Dios aquí y ahora.
La clave está en: “a fin de que ellos vean sus buenas obras y glorifiquen al Padre”.
No es para que nos glorifiquen a nosotros. Es para que vean el Reino y glorifiquen a Dios.
Palabra clave: REINO
El Reino de Dios ya está aquí. En cada acto de amor. En cada vez que ponemos el hombro. En cada comunidad que comparte.
Pero también todavía no se completa hasta el final de los tiempos.
Nos toca a nosotros hacer visible ese Reino. Aquí. Ahora. Construyendo “islas del Reino” en medio del mundo.
2. EJEMPLO PASTORAL
En estos cinco días hemos caminado juntos. Y hoy te pregunto:
¿Cambió algo la vida de Simón de Cirene después de haber cargado la cruz?
El Evangelio no nos lo cuenta. Pero sabemos que sí cambió. Porque el Evangelio recuerda su nombre y el de sus hijos. Se convirtió en parte de la historia de la salvación.
Cuando ponés el hombro con alguien que sufre, vos también te transformás.
En nuestra diócesis ya hay islas del Reino:
• La catequesis familiar. Familias que se reúnen para transmitir la fe. Ahí está el Reino.
• La pastoral de juventud. Jóvenes que se acompañan, que se cuidan, que crecen juntos en la fe. Ahí está el Reino.
• La presencia misionera. Sacerdotes y hermanas que vienen de lejos a servir aquí. Dejaron todo para poner el hombro. Ahí está el Reino.
• Las comunidades que construyen. Material y espiritualmente. Levantan capillas con sus manos. Levantan comunidades con su fe. Ahí está el Reino.
• La Fazenda, el Hogar, el dispensario, los comedores, las escuelas. Todas islas del Reino.
Y si hay una isla, puede haber diez. Si hay diez, puede haber cien. Y cuando hay cien islas del Reino, ya no son islas. Son un archipiélago de esperanza.
3. ILUMINACIÓN TEOLÓGICA DESDE EL MAGISTERIO
a) El Reino: Ya pero todavía no
El Catecismo de la Iglesia Católica explica:
“El Reino de Dios está ante nosotros. Se aproxima en el Verbo encarnado, se anuncia a través de todo el Evangelio, llega en la muerte y Resurrección de Cristo. El Reino de Dios adviene en la Última Cena y por la Eucaristía está entre nosotros. El Reino de Dios llegará en la gloria cuando Jesucristo lo devuelva a su Padre.” (CIC 671)
Ya está aquí. Pero todavía no se completa.
Nos toca cargar un tramo del camino. El tramo que nos corresponde a nosotros, hoy.
Y después vendrán otros. Por eso hay que despertar vocaciones cireneas. Porque la misión no se acaba con los de hoy.
b) La Iglesia y el compromiso con el Reino
El Papa Francisco, en Evangelii Gaudium, nos desafía:
“El Reino que se anticipa y crece entre nosotros lo toca todo y nos recuerda aquel principio de discernimiento que Pablo VI proponía en relación con el verdadero desarrollo: ‘todos los hombres y todo el hombre’. Sabemos que ‘la evangelización no sería completa si no tuviera en cuenta la interpelación recíproca que en el curso de los tiempos se establece entre el Evangelio y la vida concreta, personal y social del hombre’.” (Evangelii Gaudium, n. 181)
El Reino no es abstracto. Es concreto. Se hace visible cuando cuidamos al enfermo, cuando damos de comer al hambriento, cuando reconstruimos lo roto.
c) San Francisco: Una isla del Reino que permanece 800 años
La regla de San Francisco es simple: Vivir el Evangelio. Sin más. Sin menos.
Y 800 años después (1226-2026), esa regla sigue viva. Porque el Evangelio es inagotable.
Francisco empezó con pocos. Doce hermanos. Y creció a miles. Hoy, 800 años después, la familia franciscana está en todo el mundo.
No porque Francisco fuera un genio. Sino porque vivió el Evangelio de verdad. Puso el hombro de verdad.
Y eso permanece.
San Buenaventura escribió sobre Francisco:
“No se contentaba con restaurar las iglesias materiales, sino que, inflamado por el Espíritu Santo, se dedicó a reconstruir la Iglesia de Cristo.” (San Buenaventura, Legenda Maior)
4. CONCLUSIÓN PASTORAL
¿Qué nos dice esto hoy?
Ahora viene la pregunta más importante:
En tu familia: ¿Aprendieron a comprenderse como cireneos que se ayudan?
En tu capilla, en tu parroquia: ¿Aprendieron a poner el hombro juntos?
En tu grupo pastoral, en tu movimiento, en tu escuela: ¿Son cireneos unos de otros?
En la sociedad donde vivís: ¿Estás poniendo el hombro o solo protestando?
Déjame decirte algo con toda claridad:
Todo liderazgo cristiano creíble comienza con el ejemplo del Cireneo. Aprendió a poner el hombro.
La Iglesia está llamada a ser cirenea de la historia. De cada pueblo. De cada familia. De cada vida.
No sueñes en que serás el líder, si no eres capaz de poner un hombro y estar donde haces falta.
El liderazgo cristiano no es poder. Es servicio. Es poner el hombro.
¿Qué hacer concretamente?
Esta Bienal Católica nos invita: “Familia, ¡abramos las puertas a la esperanza!”
Y eso es lo que hacemos cuando ponemos el hombro juntos. Abrimos puertas. Construimos esperanza.
Convocá a una primera reunión. Tres, cuatro, cinco personas. Las que identificaste estos días.
Reunite con ellas. Y preguntales: “¿Qué vamos a reconstruir juntos?”
Puede ser en tu familia. En tu capilla. En tu barrio. Donde sea.
El nombre no importa. Grupo de apoyo, comunidad Cireneo, vecinos que se ayudan. Como quieras.
Lo importante es empezar.
Oración
Señor Jesús:
Simón de Cirene era “el que pasaba”.
No buscaba la cruz.
Pero cuando la encontró, puso el hombro.
Nosotros también somos “los que pasamos”
por este tiempo, por este lugar, por esta historia.
Ayúdanos a despertar vocaciones cireneas.
Que nuestra familia, nuestra capilla, nuestra diócesis,
sean islas de tu Reino.
Que lo que construimos hoy
permanezca para siempre.
San Francisco, Simón de Cirene:
Rueguen por nosotros.
Amén.
+ Francisco Javier Pistilli Scorzara, P. Sch.
Obispo de la Diócesis de la Santísima Encarnación
Encarnación, abril de 2026