Familia, ¡abramos las puertas a la esperanza!
Invocación
Señor Jesucristo, Buen Pastor,
tú que conoces a cada oveja por su nombre, tú que entras por la puerta y no trepas por otro lado, tú que viniste para que tengamos vida y la tengamos en abundancia:
aquí estamos. Somos tu Iglesia en la Diócesis de la Santísima Encarnación. Somos familia. Somos tus hijos. Somos el rebaño que ha oído tu voz durante estos días y que quiere, al terminar, no dispersarse sino salir.
Acción de gracias
Te damos gracias por la Bienal Católica 2026.
Por los cinco días en que tu voz habló en cinco idiomas: en la era digital y en la vulnerabilidad humana, en la salud del cuerpo y en la vida de la familia, en la casa común y en la economía de los que poco tienen. Una sola voz. Muchos oídos que la recibieron.
Te damos gracias por las treinta y ocho parroquias que abrieron sus puertas, por los cuatro decanatos que se hicieron una sola asamblea, por la Universidad Católica que puso su misión al servicio de la comunidad.
Te damos gracias por los cireneos: los que trabajaron desde la Curia sin aparecer en los carteles, los párrocos que movilizaron a su gente, los que comunicaron, los que sostuvieron la logística, los que condujeron actividades, los que escucharon en las carpas, los que cantaron, corrieron, pintaron, rezaron y pusieron el hombro sin que nadie tuviera que pedírselo dos veces. Simón de Cirene tomó la cruz y ya no pudo soltarla. Gracias a todos los que hicieron lo mismo.
Te damos gracias por Francisco de Asís, cuyas cenizas recorrieron esta Diócesis y nos recordaron que la huella más profunda la deja el que camina descalzo.
Petición
Señor, te pedimos tres cosas.
Primera: que sepamos oír tu voz. No solo cuando suena como ya la conocemos. También cuando habla desde el margen, desde el que huele distinto, desde el que nos incomoda, desde el lugar donde menos la esperamos. Las ovejas reconocen la voz del Pastor. Danos esos oídos.
Segunda: que tengamos el coraje de cruzar el umbral. El umbral del bien común, que no se construye desde adentro mirando hacia afuera, sino cruzando la puerta hacia el que no tiene voz, hacia el que espera sin saber todavía que espera. La esperanza que anunciamos no espera sentada: cruza.
Tercera: que sigamos siendo cireneos unos de otros. Que la Bienal no haya sido un paréntesis sino un ensayo. Que volvamos al barrio, a la familia, a la escuela, al hospital, a la chacra, a la orilla del río, a la plaza — con los hombros disponibles y los pies puestos en tu huella.
Por las vocaciones
En este domingo en que la Iglesia reza por las vocaciones, te pedimos que en esta Diócesis, en estas familias, en estos jóvenes que esta semana escucharon y cantaron y pusieron el hombro, maduren vocaciones. Sacerdotales, religiosas, laicales, matrimoniales. Toda respuesta a tu misma voz. Todas formas distintas de cruzar el mismo umbral.
Francisco no tuvo un plan: tuvo una voz y la siguió, descalzo, sin saber del todo adónde lo llevaba. Que así sea también para los que tú estás llamando hoy, en silencio, por su nombre.
Compromiso
Al terminar estos días, no clausuramos: salimos. Por la misma puerta por la que entró un niño esta mañana llevando unas sandalias. Hacia los territorios que recorrió la reliquia de Francisco y que son, cada uno, un lugar donde la esperanza está esperando que alguien la abra.
Prometemos no guardar para nosotros lo que cosechamos. Prometemos abrir las manos cerradas, los muros que separan, los ojos ciegos, los corazones cansados. Prometemos ser Iglesia en salida — no Iglesia que espera que el mundo llame a su puerta, sino Iglesia que abre la puerta y camina hacia el mundo.
Conclusión
Señor Jesucristo, Buen Pastor: llevamos contigo la huella de Francisco, que es tu huella, que es el camino hacia la vida en abundancia que viniste a traer.
Somos Iglesia en camino. Somos cireneos unos de otros. Somos familia —tu familia—, el hogar donde habitan hermanos y amigos en comunión plena.
Abramos las puertas a la esperanza.
Abramos las vidas al Amor que salva.
Abramos la Iglesia al mundo cansado.
Familia: abramos las puertas a la esperanza.
Diócesis de la Santísima Encarnación • Bienal Católica 2026